jueves, 2 de noviembre de 2017

EJEMPLARIDAD.

La respuesta, apoyada en la Justicia, ha de ser contundente; no debe dejar resquicio por donde los mismos golfos u otros de la misma calaña, puedan llegar a creer que, como el camello de la parábola 

(el que pudiera ser que pasara por el ojo de la aguja), ellos podrían introducirse por esa "angostura".

Ejemplaridad en las sanciones 

dispensan a muchos desalmados de tener malos pensamientos. 

La tibieza, siempre, se transforma en permisividad que cuando llega su acción represiva, ni siquiera alcanza a escocer.

Hoy, desde los juzgados que entienden de la presunta rebelión de los componentes del destituido gobierno de la Generalidad de Cataluña, Dios quiera que la determinación judicial de no hacerles ingresar en prisión a los exconsejeros/as, no sea prueba de debilidad y condescendencia que permita creer que les han dado... alas.

Diría, si los tiempos fueran otros más normales, que los españoles deberíamos estar vigilantes y prestos para la protesta brava pero, ¿para qué? si sé que hacer esa proposición, siendo consciente del actual estado de mansedumbre en el que nos ha envuelto este sistema democaquito, sería como predicar en desierto que ni lagartos hubiera.

Los medios de comunicación nos enteran de que ya son prácticamente dos mil empresas (casi el 6% del PIB de Cataluña) que funcionaban y creaban riqueza, las que han salido huyendo de Cataluña. Son muchos los españoles del resto de España que ven con buenos ojos esa diáspora porque creen que eso perjudica de manera selectiva a la muchachada hijoputesca y separatista. 

Craso error; los únicos que ha salido castigados de verdad, y de manera gravísima, son en primer lugar el conjunto de los catalanes de a pie, la gente decente, trabajadora y cumplidora de sus obligaciones, separatistas o de normal sentimiento español y, de retruque, el resto de los españoles, independientemente de la distancia en que se encuentren. 

Honradamente creo que a nadie que ame a España le puede satisfacer ver cómo la huida de esas empresas siembra en aquella querida tierra, la angustia y el temor a la ruina y a la pobreza.

La ilógica alegría de enterarse de la desbandada económica (porque además de empresas, también huyeron muchos fondos) no les ha dejado ver que ese tropel salió huyendo no porque vieran en peligro la seguridad y economía de los catalanes, sino porque veían peligrar sus propios intereses; sus cuentas de resultados; y establecerse en Valencia, Madrid u otra de nuestras regiones, además de mayor tranquilidad y seguridad, hasta les abre la posibilidad de que rebajen impuestos, los que les ayudará a crear más beneficios.

Bueno sería que el Gobierno de la Nación que tan diligente fue en allanar los trámites para su salida y aterrizaje, volviera a serlo para cuando se normalice la situación, todos los huidos regresen a sus lugares de origen.

Para castigar a un niño, porque ha sido malo, no es menester azotar a sus cinco hermanitos.

Eloy R. Mirayo.

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